El próximo round

Por: María Elvira Samper

El Presidente no debería incluir en la terna para Fiscal nombres que lleguen a hacer carrera en el cargo, sino que lleguen al cargo por su carrera.

La pregunta del millón que flota en el ambiente es sobre los nombres que el Presidente va a incluir en la terna que debe presentar a la Corte Suprema para que escoja al sucesor de Mario Iguarán. Y es la pregunta del millón porque si bien la elección del Fiscal es siempre un asunto de hondo calado, nunca como ahora parece tan crucial. Y por varias razones.

No solo el escenario político está especialmente cargado y crispado por cuenta del referendo y la posibilidad de una segunda reelección del presidente Uribe, sino que no hay antecedentes en la historia reciente de un enfrentamiento de poderes de la magnitud y la pugnacidad como el que estamos viendo entre el Jefe del Estado y la Corte Suprema de Justicia.

Una pelea en que las partes se acusan mutuamente de complot y que, para colmo de males, no se está dando tras bambalinas sino en vitrina pública, con un relator especial de la ONU en el país y ad portas de la visita de otros tres -entre ellos uno para la independencia de jueces y abogados-, y además con el Departamento de Estado de los Estados Unidos y organizaciones internacionales como espectadores de un match en el que abundan los golpes bajos y sin árbitro que pueda pitar para separarlos.

En este contexto, la selección del Fiscal General, insisto, es asunto más que crucial, pues está en grave riesgo la institucionalidad. La Fiscalía debe resolver temas muy delicados que tocan directamente a la Casa de Nariño: el caso de Mario Uribe, primo del presidente vinculado al proceso de la parapolítica y, de hecho, el florero de Llorente que desató el enfrentamiento con la Corte; la ‘yidispolítica', que compromete a altos funcionarios y ex funcionarios del Gobierno, como el ministro Diego Palacio y el ex ministro Sabas Pretelt; las chuzadas y seguimientos del DAS a la Corte y miembros de la oposición, que involucran a personas del círculo íntimo presidencial, y los mal llamados falsos positivos, que abren un serio interrogante sobre la política de seguridad democrática.


Todo indica que el siguiente asalto de la pelea se dará con la selección del Fiscal General. Y aquí el problema no es que en la terna figuren amigos del Gobierno, pues no se puede pretender que el Presidente ponga a enemigos reconocidos -Ramiro Bejarano o Felipe Zuleta, por ejemplo-, pero sí que no incluya a funcionarios del Gobierno, sobre todo si se trata de empleaditos menores de su círculo cercano, o a sus abogados, -caso Jaime Lombana o Eduardo Montealegre- e incluso a ex magistrados de la Corte Constitucional que le han hecho favores, como Clara Inés Vargas.

El presidente Uribe no puede continuar con la moda iniciada por Andrés Pastrana de poner amanuenses en la terna, personajes de medio pelo o demasiado cercanos en los que prima la lealtad al nominador sobre la lealtad a la Constitución y las leyes. Es la peor estrategia en una situación de tan alta tensión como la que estamos viviendo, que tiende a empeorar como indican las leyes de Murtphy.

Si el Presidente actúa con la sensatez y la grandeza que se esperan del Jefe de Estado no debería incluir en la terma nombres que lleguen a hacer carrera en el cargo, sino que lleguen al cargo por su carrera. Es decir, juristas de trayectoria y peso propios para llegar a la Fiscalía-de esos Uribe también debe tener amigos-y no personas a quienes el cargo les confiera entidad.

La clave es que en la terna haya un nombre que les de confianza a las dos partes. Si es así, la Corte no tendrá la tentación de devolverle la terna. Y aunque desde el punto de vista jurídico no podría hacerlo si los nombres llenan los requisitos -y seguro los llenarán-, no descartaría que, tal como están las cosas, la Corte piense seriamente en la posibilidad de hacerlo para crear un hecho político si cree que ninguno de los nombres le da todas las garantías en el caso de las chuzadas, hoy por hoy el más sensible de los temas de enfrentamiento. Y ahí sí, ¡apagá y vámonos!

Cambio / 18 de junio de 2009